Había una vez dos vecinos que vivían en mundos opuestos. El primero era un hombre de paz profunda, cuya casa irradiaba una luz serena. Se decía que poseía una lámpara antigua que era la fuente de toda su abundancia, pero no una abundancia de oro, sino de espíritu y bienestar. Frente a él vivía un hombre cuya vida era un reflejo de su caos interno: precariedad, amargura y una pobreza que nacía del descuido. Un día, consumido por la envidia y la carencia, el hombre pobre cruzó la calle y le suplicó al sabio: — "Préstame tu lámpara. Necesito salir de esta miseria. Tú ya lo tienes todo". El sabio lo miró con compasión y asintió. — "Te la daré —dijo—, pero debes saber algo. Dentro habita un Genio que es la fuerza de tu propia mente. Te concederá todo lo que pidas, pero tiene una condición: el Genio nunca puede dejar de trabajar . Si no le das una tarea constante, su energía se volverá contra ti y te destruirá". La Trampa del Deseo El hombre se llevó la lámpara corri...
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