Había una vez dos vecinos que vivían en mundos opuestos. El primero era un hombre de paz profunda, cuya casa irradiaba una luz serena. Se decía que poseía una lámpara antigua que era la fuente de toda su abundancia, pero no una abundancia de oro, sino de espíritu y bienestar.
Frente a él vivía un hombre cuya vida era un reflejo de su caos interno: precariedad, amargura y una pobreza que nacía del descuido. Un día, consumido por la envidia y la carencia, el hombre pobre cruzó la calle y le suplicó al sabio: — "Préstame tu lámpara. Necesito salir de esta miseria. Tú ya lo tienes todo".
El sabio lo miró con compasión y asintió. — "Te la daré —dijo—, pero debes saber algo. Dentro habita un Genio que es la fuerza de tu propia mente. Te concederá todo lo que pidas, pero tiene una condición: el Genio nunca puede dejar de trabajar. Si no le das una tarea constante, su energía se volverá contra ti y te destruirá".
La Trampa del Deseo
El hombre se llevó la lámpara corriendo. Al frotarla, un Genio colosal emergió. Su voz era el eco de todos los miedos del hombre: — "¡Dame una orden o te devoro!", rugió la criatura.
El hombre pidió comida, casas, ropas y lujos. El Genio lo cumplía todo en segundos. Pero pronto, el hombre se dio cuenta de la pesadilla: su mente no paraba. Para mantener al Genio ocupado, tenía que desear más y más. Se volvió esclavo de su propia ambición. No dormía, no disfrutaba, solo pensaba en la siguiente orden para no ser destruido por la ansiedad que el Genio representaba.
El Poste de la Liberación
Desesperado, regresó donde el sabio. — "¡Lévatela! Este poder me está matando. No puedo dejar de pensar, no puedo dejar de pedir. ¡Mi propia mente me está consumiendo!".
El sabio, con calma, le entregó un poste de madera y le dio la instrucción final: — "Planta este poste en tu jardín. Dile al Genio que su única tarea, cuando no tengas nada que pedirle, es subir y bajar por el poste eternamente".
El hombre hizo lo indicado. El Genio, ante la orden de subir y bajar sin un fin material, comenzó su tarea. Al principio lo hacía con furia, luego con cansancio, hasta que finalmente, la repetición lo fue calmando.
El Significado de Sanar para Liberar
Pasó el tiempo y el Genio, agotado por la monotonía de subir y bajar, se detuvo. Miró al hombre, que ahora meditaba en silencio, y le suplicó: — "Por favor, déjame volver a la lámpara. Prefiero el silencio del encierro que este movimiento sin sentido".
El hombre, que ya no sentía la necesidad de poseer nada para ser feliz, lo liberó. El Genio entró en la lámpara y el hombre se la devolvió al sabio.
Comentarios
Publicar un comentario